martes, noviembre 22, 2011

La Reina con Velo

La Reina con Velo

Hay una historia en el libro “La Religión Sikh” de Max Arthur Macauliffe sobre un Raja de Haripur que fue a Goindwal durante el reinado de Guru Amar Das. Él llevó consigo a sus reinas. Permítanme compartir lo que dice Macauliffe (con algunos cambios sutiles en los tiempos de los verbos para hacer más fácil la lectura):

“Sawan Mal (uno de los Sikhs del Guru) fue anticipadamente con el Guru para anunciar la llegada del Raja. El Guru dijo, ‘Permitan que Su Alteza venga a verme después de que haya comido de mi cocina.’ La condición del Guru fue aceptada. Él dio al Raja una audiencia privada, luego recibió al primer ministro del Raja y luego a las reinas. Todos ellos fueron gratificados con la visión del Guru.

Una de las reinas recientemente casada no se quitó su velo. El Guru calmadamente le dijo, ‘Señora loca, si no está a gusto con la cara del Guru, ¿para qué ha venido aquí?’ Después de esto, ella se volvió loca y, quitándose las ropas, corrió desnuda hacia el bosque. Se hicieron esfuerzos por detenerla, pero tuvo éxito al escapar de su incomprensible huída.”

(La Religión Sikh por Max Arthur Macauliffe, Volumen 2, Pág. 61-62).

Por meses, he estado meditando en ella, en la reina con el velo. En quietud la he estado estudiando en mi propia imaginación, tratando de entender su historia.

Recientemente casada. Debió haber estado muy joven. Ser elegida reina. Debió haber sido muy bella. De ahí, quizás, incómoda con el deseo sexual que los hombres probablemente proyectaban hacia ella. Por eso el velo. Probablemente era una de las reinas más jóvenes. Sólo Dios sabe qué clase de políticas se seguían entre las reinas de un Raja. Sin duda había intrigas y competencia por los favores del Raja, por sus afectos y atención. Y ella, al ser una de las reinas más recientes, prácticamente debió haber estado adaptándose a los celos de las otras; tratando de habituarse en el nuevo mundo de tener esposo, esposas competitivas y la breve y efímera oportunidad de asegurar su propio futuro.

Como mujeres, nos enseñan desde un principio que parecemos ser mucho más importante de lo que en realidad somos. Hay una presión por pretender. Por escondeer. Por ocultar con un velo algo que es verdadero y real porque tal vez nos haga menos ante los ojos de otras personas. Hay muchísimas mujeres que existen en esta presión dinámica. Preguntándose qué tanto de su verdadero rostro mostrarán. ¿Cuándo el acto de revelar el rostro puede romper conexiones sociales y apoyo alrededor nuestro?

Cuando te entrenan desde el nacimiento y te enseñan que la seguridad de ser mujer te la dará el vivir de acuerdo a las reglas sociales, es una mentira terrible para el alma. Y eso no es fácil de romper. Porque la seguridad de cada ser humano viene de vivir la verdad de espíritu, sin importar lo que digan las reglas sociales. Nuestras almas ha viajado durante 8.4 millones de vidas ganando el precioso regalo del nacimiento humano. Guru Nanak nos dice, en el cuarto Sauri del Jap Ji Sahib, el valor de la vida humana.

Karmi ave kapraa

Nadri mokh du-aar

Por consecuencia de nuestros actos positivos del pasado

Se nos ha regalado este traje con forma humana

La gracia nos lleva a la puerta de la liberación que se encuentra en el interior.

Para hombres y mujeres, ambos e igualmente, la respiración que se nos dio, el cuerpo que se nos dio, la mente que se nos dio, son para servir al Alma. El espíritu tiene su propio viaje, para pagar su karma y crecer en conciencia de su propia Luz Divina. Es solo en la forma humana que esta rara y preciosa oportunidad existe.

La mente puede ser entrenada para apoyar con valentía ese viaje del Espíritu. O puede ser entrenada para envenenar y silenciar esa Voz; sin miedo, sin importar el “futuro”, con la necesidad de pertenecer y no ser rechazado. 8.4 millones de vidas, tomando la forma de insectos y aves y animales y todo lo demás, por esta oportunidad. Y el cómo la mente es entrenada determina el resultado.

Ahí estaba ella, sentada en una audiencia privada con Guru Amar Das, ocultándose detrás de su velo. El velo pasaba también a través de su propia mente. Y todo lo que ese velo representaba era: belleza, estatus, poder, inseguridad, y una profunda imagen mental de lo que se suponía que ella era.

El Guru, en su amor y compasión, la retó. Esa es una de las cosas más difíciles de experimentar; cuando un Maestro, en su sabiduría, confronta aquellos hábitos mentales e ideas que nos dan seguridad y confort. “Señora loca ¿porqué usas un velo? Mira hacia mi.”

¿Qué significa mirar hacia el rostro del Guru? Significa recordar. Recordar Amor. Amor Real. El Amor del Divino hacia el Alma. Significa recorder mentalmente, viceralmetne, intuitivamente las 8.4 millones de vidas que nos tomó ganar un nacimiento humano. Recordar la razón por la cual el alma está aquí. Significa que la imagen mental de lo que tú crees que tu vida debe ser llega al filo y de repente contrasta con la verdad de tu alma y lo que realmente eres. En ese momento de contraste, el Guru te da una oportunidad de ver qué cerca estás de vivir desde tu propio espíritu; o qué tan lejos.

Todos nosotros debemos enfrentar ese momento tarde o temprano. Para muchas personas, ese momento ocurre en su última respiración. Mientras la respiración se desvanece, el velo de la mente se cae y de repente la Luz, Voz y Verdad del espíritu se revela. Pero en la presencia del Guru, con ese toque de compasión, esos velos pueden ser levantados durante la vida. Es un hecho sobresaltante, discorde, inquietante e incluso loco; pero nos da una oportunidad de traspasar a través de las ilusiones en las cuales estamos atrapados. Nos da una oportunidad de abrazar el regalo del cuerpo humano, y de vivir la vida verdaderamente.

Ella miró a los ojos del Guru, y vio su propia falsedad con respecto a su relación con su alma. Y esa joven reina no solo tiró el velo de su rostro, ella tiró cada fragmento de ropa de su cuerpo. Cada símbolo de la mentira que su mente ocultaba detrás. Desde un punto de vista social, se vio cómo si ella se hubiera vuelto loca. Pero, desde un punto de vista espiritual, tal vez haya sido el primer momento en su vida en que ella era real. Auténtica. Actuando desde el fondo de sí misma, desde su espíritu, desde de verdadera Realeza.

No desde algo falso.

Los mundos sociales son construidos sobre mentiras que las mujeres se dicen a ellas mismas. Pero una vez que esas mentiras son vistas por lo que son, tales mujeres no tienen lugar en la sociedad. Lo que sea que la reina haya visto en ese momento con el Guru, tuvo un impacto tan profundo que su psique no pudo integrarlo. Ella simplemente no pudo verlo Y serlo. Creó demasiada contradicción.

Así que desapareció en el bosque. Y nadie pudo encontrarla.

Muerte social. O muerte espiritual. Despertar espiritualmente significa morir socialmente. Es un requerimiento. El Espírituo tiene que ser libre para entenderse a sí mismo; sin abastecerse de las expectativas y demandas de otros. Muy frecuentemente, las mujeres jóvenes son objeto de explotación. No importa de qué siglo estemos hablando, o de que cultura son. El trabajo de casa y el mundo social corren sobre el juicio y la vida de las mujeres. La pregunta es ¿Esa casa y esa sociedad sirven a su Espíritu? ¿O ese agotamiento de energía es solo para propósitos personales, juegos políticos, presión social y ganancia económica?

¿A dónde podía ir? Esa mujer que tuvo un vistazo a algo más que reglas sociales. Esa mujer que había visto la verdad de su alma. ¿Con quién podía vivir? ¿A qué país podía llamarle hogar? ¿A qué personas? ¿A qué marido? ¿A dónde pertenecía ella, que ya había visto las mentiras de la mente y no quería vivir más con ellas?

Macauliffe continúa:

“El Raja, habiendo permanecido por algunos días con el Guru, decidió partir…

“Un hombre simplón, quien solamente se vestía con una sábana, se conectó al Guru. Tenía el hábito de decir, ‘Sach. Sach!’ (verdad, verdad) a todo lo que le decían y consecuentemente se le llamó Sachansach. Un día, él estaba reuniendo leña en el bosque y estaba a punto de regresar con su cargamento cuando la reina loca se apareció frente a él. Ella estaba completamente desnuda, su cabello estaba despeinado y presentaba una apariencia rara y alarmante. Ella atrapó a Sachansach, lo picó, lo mordió, luchó con él y lo llevó a una situación grave. Él escapo con gran dificultad y llegó a casa escurriendo sangre.

“Los Sikhs, al ver su situación, le preguntaron qué había pasado. Su única respuesta fue que ya había tenido suficiente servicio para el Guru, y que regresaría a su casa. Cuando lo presionaron para que les dijera la razón, relató que se había encontrado con una bruja en el bosque. El Guru dijo, ‘Toma mi zapato, y si la bruja vuelve, tócala con él y ella se curará de su enfermedad.’

Sachansach obedeció la orden del Guru, y al día siguiente, cuando la reina se aproximaba agresivamente, la tocó con el zapato del Guru, e inmediatamente recobró su salud mental. Entonces ella, por primera vez, descubrió que estaba desnuda, y buscó escapar avergonzada de la mirada de Sachansach. Él rápidamente se quitó su sábana y le dio la mitad a ella. Ella se la enrolló, e inmediatamente fue con el Guru y calló a sus pies. Él rápidamente perdonó su ofensa. El templo de Bhai Sachansach está cerca del pueblo de Shekhupur.”

(La Religión Sikh por Max Arthur Macauliffe, Volume 2, Pág. 62)

¿Parece una historia de despertar espiritual? No mucho ¿verdad?Desnuda en el bosque. Despeinada. Loca. Golpeando a hombres extraños quienes se atravesaban en su camino.

Muerte social. O muerte espiritual. Este no es un proceso que sea hermoso o fácil. Es un proceso en donde la identidad psicológica y la identidad espiritual luchan.

Nos enseñan, desde el nacimiento, lo que se supone que seamos. Correcto o incorrecto. Bien o mal. Toda esa socialización crea una imagen en nuestra mente; una imagen de lo que pensamos que debemos ser en el contexto de las reglas sociales.

La mente tiene que dejar ir todo eso; todas esas imágenes, todo ese entrenamiento; y permitir que hable al Espíritu lo que es verdadero y real. Para que cree su propia imagen. Para que en adelante cree su propio entrenamiento. Es por eso que, como almas, hemos venido al Guru. Para ser retados. Para ser probados. Para pasar por esas experiencias que van a contradecir la imagen que tenemos de nosotros mismos. Para que dejemos ir lo que es falso en nuestra mente y aprendamos a vivir realmente.

Durante ese tiempo en la selva, nuestra joven reina se volvió loca; espiritualmente loca. La imagen que tenía de ella misma estaba trastornada. Y todo lo que había dejado era impulso, enojo, furia, una valentía animal. Ella pudo haber permanecido en ese estado, pero el Guru no la abandonó. Con su pregunta sobre el velo, él la había empujado hacia esa experiencia de trauma psicológico/espiritual. Y su zapato, de alguna forma (el Siri Guru Granth Sahib habla de ello; el poder de los pies del Guru) con un toque, le dio un ancla. Una manera de comenzar a crear una nueva identidad para ella misma. Una identidad que pudiera ser, al mismo tiempo, social Y espiritual.

Mientras la imagino postrándose ante el Guru, enrollada en la mitad de una sábana, no hay duda de que la experiencia la cambió profundamente. No regresó al Guru la misma mujer que lo había abandonado días antes. No hay notas históricas para describir lo que vio en ella misma, cómo se transformó. A pesar de las muchas posibilidades que se dibujan en mi imaginación.

Pero de lo que sí estoy segura es que cuando se postró ante el Guru, rogó que la perdonara. ¿Que la perdonara de qué? ¿Por volverse loca? ¿Por quitarse sus ropas? ¿Por ocultarse durante días en el bosque?

No.

Perdón por haberlo mirado a Él a través de sus velos.

Wahe Guru Ji Ka Khalsa, Wahe Guru Ji Ki Fateh.

Con todo Amor en el Divino,

Ek Ong Kaar Kaur


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