domingo, octubre 23, 2011

Poemas de Kabir



Poemas de Kabir

Todas las versiones son de Rabindranath Tagore, con traducción al español de Joaquín V. González


Llamado también Kabir Sahib o Sant Kabir, no es fácilmente clasificado como un Sufi o un Yogui - él es todos estos-. Es reverenciado por Musulmanes, hindúes, y Sijes. Nació en Varanasi (Benares), India, probablemente alrededor del año 1440, aunque otras fuentes sitúan su nacimiento en 1398, dándole una vida útil total de más de 100 años. De padres musulmanes, muy temprano en su vida, Kabir se hizo discípulo del santo hindú Bhakti Ramananda. Era muy insólito para un profesor hindú aceptar a un estudiante musulmán, pero la tradición dice que Kabir fue la excepción, porque encontró un camino creativo para vencer todas las objeciones.
La colección de poemas de Kabir, reunida por sus discípulos durante el transcurso de su vida, se ha convertido tras su muerte en un libro sagrado para sus devotos, constituyéndose en una de las obras maestras de la literatura espiritual universal.

Selección de poemas de Kabir

6.

La luna brilla en mi interior; pero mis ojos ciegos no pueden verla.
La luna está en mí, lo mismo que el sol. Sin que lo toquen, el tambor de la eternidad resuena en mi interior;
pero mis oídos sordos no pueden oírlo.
Así, en tanto que el hombre reclame el Yo y lo Mío, sus obras serán como cero. Cuando todo amor del yo y de lo mío
haya muerto, entonces es cuando se consumará la obra del Señor.
Que el trabajo no tenga otro afán que el conocimiento.
Alcanzado el conocimiento, déjese el afán. El afán de la flor es el fruto; cuando el fruto madura, la flor se marchita.
El ciervo contiene el almizcle, aunque no lo busca en sí mismo sino husmeándolo en la hierba.

9.

¿Cómo podría yo jamás pronunciar esas palabras misteriosas?
¿Cómo podría yo decir: Él no es como esto y es como aquello?
Si digo que Él está en mí, el universo se escandaliza de mis palabras.
Si digo que está fuera de mí, miento.
De los mundos internos y externos, Él hace una unidad indivisible.
Lo consciente y lo inconsciente son los taburetes de sus pies.
Ni se manifiesta ni se oculta; no es revelado ni irrevelado.
No hay palabras para decir lo que Él es.

17.

La luz del sol, de la luna y de las estrellas
fulgura con vivo resplandor:
la melodía amorosa asciende cada vez más,
acompasada al ritmo del amor puro.
Día y noche, el coro llena los cielos,

y Kabir dice:
Mi único Bienamado me deslumbra como el relámpago.
¿Sabéis cómo expresan su adoración los instantes?
blandiendo su círculo de luces,
el universo día y noche canta adorando.
Allí, dice Kabir, la adoración no cesa jamás.
Allí está en su trono el Señor del universo.
El mundo entero ejecuta su obra y comete sus yerros;
pero pocos son los amantes que conocen al Bienamado.
Como se mezclan las aguas del Ganges y del Jumna,
así se mezclan en el corazón del hombre piadoso
las dos corrientes del amor y del sacrificio.
En su corazón, el agua sagrada se esparce día y noche,
y así concluye el ciclo de los natalicios y de los óbitos.
¡Qué inefable reposo en el Espíritu Supremo!
Sólo lo goza quien lo busca.
Sujeto por las cuerdas del amor,
va y viene el columpio oceánico del gozo,
y hay un potente estallido de canciones.
¡Ved aquel loto que florece sin agua!

Y Kabir dice:
La abeja de mi corazón liba su néctar.
¡Maravilloso loto florecido en el corazón del universo!
Sólo las almas puras conocen sus delicias verdaderas.
La música vibra por doquiera,
y el corazón participa en el gozo del mar infinito.

Kabir dice:
Sumérgete en ese océano de dulzura,
y deja que vuelen lejos
todos los errores de la vida y de la muerte.
Ya ves cómo aquí se sacia la sed de los cinco sentidos,
ya no existen las tres formas de la miseria.

Kabir dice:
Estamos en lo Inaccesible;
miraos adentro
y veréis cómo brillan en vosotros los rayos de luna
de Dios escondido.
Allí late el ritmo de la vida y de la muerte.
Ahí surgen los arrobamientos,
todo un espacio radiante de luz.
Allí se escucha la misteriosa música,
que es la del amor de los tres mundos.
Allí arden los millones de lámparas del sol y de la luna.
Allí resuenan por doquiera los amorosos cánticos,
llueven ondas de luz,
y el adorador saborea con delicias el celeste néctar.
Ved la vida y la muerte:
ya no hay entre ellas separación alguna.

Kabir dice:
El sabio enmudecerá,
pues la Verdad no puede hallarse en los libros ni en los Vedas.
Me he asociado al armonioso equilibrio del Uno.
He bebido la copa de lo inefable.
Encontré la clave del misterio.
Alcancé la raíz de la Unión.
Viajando sin camino llegué al país sin dolor,
y la gracia del Gran Señor
ha descendido dulcísima en mí.
Se canta al Dios infinito como si fuera inaccesible;
pero en mis meditaciones, sin mis ojos yo lo he visto.
Es, de cierto, el país sin sufrimientos,
y nadie sabe el camino que a Él conduce.
Sólo aquel que encontró ese camino
va más allá de la región de los dolores.
Maravilloso país,
que no puede pagarse con ningún mérito.
El sabio lo ve, el sabio lo canta.
Tal es la última palabra;
pero ¿cómo expresar su maravilloso sabor?
Aquel que la saborea una vez,
sólo él sabe el gozo que puede dar.

Kabir dice:
Al conocerla, el ignorante se convierte en sabio
y el sabio se queda mudo, en silenciosa adoración.
El adorador se embriaga totalmente.
Su sabiduría y su desprendimiento son perfectos.
Bebe en la copa de las inspiraciones y de las aspiraciones del amor.
Allí todo el cielo se llena de armonías,
y la música suena sin cuerdas y sin pulsaciones.
Allí no cesa nunca el juego de la alegría y del dolor.

Kabir dice:
Si te sumerges en el océano de vida,
vivirás en el país de la suprema felicidad.
¡Qué frenesí de éxtasis contiene cada hora!
El adorador exprime y bebe la esencia de las horas.
Vive con la vida de Brahma...
Digo la verdad, porque acepté la verdad en mi vida.
Estoy consagrado a la verdad,
porque ahuyenté lejos de mí todas las falsas apariencias.

Kabir dice:
Así se libra el adorador de todo miedo,
así lo abandonan todas las ideas erróneas
sobre la vida y la muerte.
Allí el cielo se llena de música.
Allí llueve néctar.
Allí vibran las cuerdas del arpa y suenan los tambores.
¡Qué secreto esplendor irradia ese castillo del cielo!
Ya no hay amaneceres ni puestas de sol.
En el océano de revelaciones que es la luz del amor,
el día y la noche no forman más que uno.
Alegría eterna; ni dolor, ni luchas.
Allí he bebido, llena hasta los bordes,
la copa de la dicha, de la dicha perfecta.
No hay lugar allí para el error.

Kabir dice:
Allí he sido testigo de los juegos de la única felicidad.
He conocido en mí mismo el juego del universo;
he escapado al error de este mundo.
Lo externo y lo interno se han hecho para mí
un solo cielo.
Lo infinito y lo finito se han unido.
Me embriago con la visión del Todo.

La luz invade el universo; es la lámpara del amor,
ardiendo en el candelero del saber.

Kabir dice:
Allí no puede deslizarse error alguno,
y ya no existe el conflicto de la vida con la muerte.

26.

Todas las cosas están creadas por Dios. El Amor es Su cuerpo.
No tiene forma, ni cualidad, ni decadencia.
Trata de unirte a Él.
Ese Dios indeterminado toma millares de formas a los ojos de las criaturas:
Es puro e indestructible.
Su forma es infinita e insondable.
Danza extasiado y Su danza describe mil formas vaporosas.
El cuerpo y el espíritu desbordan felicidad cuando los toca Su gozo infinito.
Está inmerso en toda conciencia, en todo júbilo, en todo dolor.
No tiene principio ni fin.
Contiénese entero en su Beatitud

27.

La misericordia de mi verdadero Maestro es la que me ha dado a conocer lo desconocido.
Por Él sé caminar sin pies, ver sin ojos, oír sin orejas, beber sin labios, volar sin alas. En el país donde no hay ni sol, ni luna,
ni noche, ni día, he amado y he meditado. Sin comer he saboreado la dulzura del néctar; sin agua he aplacado mi sed.
El gozo compartido es la plenitud del gozo. ¿Ante quién podía expresarse jamás?

Mi Maestro es más grande que los mundos, e inmensa la buena ventura de su discípulo

33.

¿Cómo podría quebrarse el amor que nos une?
Cual la hoja del loto reposando sobre el agua, así eres tú, mi Señor, y yo soy tu esclavo.
Cual el ave nocturna contempla la luna en la noche, así eres tú, mi Señor, y yo soy tu esclavo.
Desde el comienzo hasta el fin de los tiempos está el amor entre Tú y yo. ¿Cómo podría extinguirse ese amor?

Cual el río penetra en el océano, así mi corazón penetra en ti

40.

Nada mejor, ¡oh, santo hombre!, que unirse simplemente a Él.
Desde el día en que hallé a mi Dios, los juegos de nuestro amor ya no han cesado. No cierro los ojos, no tapo mis oídos,
no mortifico mi cuerpo.
Miro con los ojos muy abiertos, sonrío, y por doquiera contemplo Su hermosura. Murmuro su nombre, y todo cuanto veo me habla de Él.
Todos mis actos constituyen un culto que rindo a mi Dios.
La aurora y el crepúsculo me parecen iguales.
Las contradicciones ya no existen para mí. Por doquiera que voy, en Él me afano.
Todo cuanto hago lo hago en Su servicio. Al acostarme me prosterno a Sus pies. Sólo Él es adorable a mis ojos; no conozco otro.
De mi boca ya no salen palabras impuras. Día y noche canto Sus alabanzas.
De pie o sentado, no puedo olvidarlo, porque el ritmo de Su canción lo llevo en mis oídos.

Un gozo frenético abrasa mi corazón y descubre todos los misterios ocultos en mi alma. Estoy sumergido en una inmensa felicidad que supera toda alegría y todo dolor.

49.

La flauta del Infinito toca sin jamás interrumpirse, y canta Su amor.
Cuando el Amor renuncia a todo límite, alcanza la Verdad.
¡Cuán lejos se esparce su perfume! No tiene fin; ningún obstáculo se le opone.
La forma de su melodía brilla como un millón de soles.
La vina hace vibrar incomparablemente las notas de la verdad

97.

El Señor está en mí, el Señor está en ti, como la vida está en cada simiente. Renuncia a un falso orgullo,
¡oh, mi servidor!, y busca en ti a tu Señor.
Un millón de soles irradia Su luz.
Un océano azul se extiende en el cielo. La fiebre de la vida se aplaca y todos mis pecados se lavan
cuando permanezco en el seno mismo del mundo.
Escucha las campanas y los tambores de la Eternidad. ¡Regocíjate en el amor!
La lluvia cae sin agua y los ríos son torrentes de luz.
Sólo el Amor puede penetrar al mundo, y pocos son los que saben estas cosas.
Están ciegos los que quieren verlas a la luz de la razón, de esa misma razón que es la causa del alejamiento.
¡El Palacio está tan distante de la razón! ¡Bendito quien puede, en el seno de la dicha infinita,
cantar en sí mismo el cántico del encuentro del alma con el Alma, el cántico del olvido de las penas,
el cántico que supera todo cuanto penetra en nosotros y todo cuanto emana de nosotros!

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