jueves, junio 09, 2011

LAS FLORES DE LOS SHAHEEDS


LAS FLORES DE LOS SHAKHEEDS
Habían pasado tres días, tres largos y calurosos días de verano. Sukh Nidhaan Singh se encontraba cercano a la muerte, mientras era llevado en una jaula de madera sobre un carruaje jalado por dos caballos.
Había sido capturado por las fuerzas Mughales cerca de las junglas de Afhgan. Antes de eso, desde hacía días, no había dormido ni comido apropiadamente, por lo que se encontraba muy débil cuando había sido enfrentado por los soldados Mughales. Había peleado bien, incluso había matado a algunos de ellos, pero lo hirieron y estaba superado en fuerza, pronto fue capturado. Los soldados lo ataron a un árbol y lo golpearon salvajemente, pero en lugar de matarlo, decidieron llevarlo con su gobernador, quien estaría muy complacido con el espécimen de guerrero Sikh que habían capturado. Pensaron que también sería un buen reto tratar de convertirlo al Islam.

Habían pasado cinco meses de viaje desde que Sukh Nidhaan Singh había visto a otro Sikh. La última vez, cinco meses atrás, había conocido a un mensajero Sikh que viajaba rápidamente para llevar noticias a Baba Deep Singh ji. Cuando se encontró con él, cayó al piso y lloró sobre sus pies. El Sikh del Guru lo abrazó y lo reconfortó; pero tenía que marcharse de inmediato, pues su mensaje era de gran urgencia. Sukh Nidhaan Singh le dijo que estaba viajando hacia Amritsar para reencontrarse con su hermano. Ambos dijeron ¡Fateh! (victoria) y siguieron sus caminos. Eso había sido cinco meses atrás… ahora él deseaba estar con su familia de Sikhs una vez más.

Recordó cuando estaba junto a sus amigos, un grupo de Guerreros Sikh que habían sido encomendados con la tarea de desarticular ciertas bases y fuertes Mughales para debilitar a la gran fuerza Mughal. También habían recibido la tarea de rescatar a cualquier mujer secuestrada y tomada como esclava por los Mughales, para llevarlas de regreso a sus aldeas. Era el último de su Jatha (grupo) pero ahora, incluso él había sido capturado y estaba siendo llevado ante el gobernador Mughal de ese distrito.

Se recargó en la jaula, apenas grande como para caber sentado, y estaba muriendo lentamente. Le habían arrebatado toda su energía por las golpizas y el inmenso sol. De repente, un chorro de agua sobre su cara le despertó. Un soldado Mughal a caballo, trotando al lado del carruaje, se reía y tomaba algo de agua de su botella, misma que luego escupió a la cara de Sukh Nidhaan Singh nuevamente.

“¡No tienes a donde escapar, perro!” el Mughal se rió nuevamente de Sukh Nidhaan

Otro Mughal más adelante gritó: “Ya casi llegamos, puedo ver la torre desde aquí”

Dos soldados Mughales más se aproximaron a Sukh Nidhaan Singh y comenzaron a burlarse:

“¡Ja ja! ¡Más vale que estés listo, pronto tendrás el honor de convertirte en uno de nosotros! Dejarás de ser un perro como lo eres.”

Sukh Nidhaan Singh miró firmemente y sin miedo a los soldados, mientras respondía: “Nunca… primero moriré”

“Claro que sí”, dijo uno de ellos “hemos capturado a muchos como tú y la mayoría prefieren las riquezas y las joyas. Después de algunos golpes, siempre ceden y comienzan a adoptar nuestra forma de pensar”

“¡Sí!”, dijo otro “el mes pasado capturamos a uno muy grande, uno de tus amigos Sikhs, lo golpearon en público y luego de eso, comenzó a rogar para que lo aceptáramos.”

Otro más comentó, “Incontables Sikhs han cambiado, ahora viven con lujos, con buenos hogares y esposas, una gran recompensa te espera si tomas la desición correcta.”

Sukh Nidhaan Singh se sentía herido al pensar cómo sus hermanos Sikhs se habían rendido y habían traicionado al Guru y a la Khalsa. Eso realmente lo lastimó y comenzó a preguntarse si tendría la fuerza suficiente para mantener su amor por el Guru hasta la muerte… si tantos se habían rendido… qué pasaría con él… ¿quién era? ¿acaso era diferente?... Pensó en su situación y se sintió muy deprimido al escuchar a los Mughales reirse y contar historias sobre cuantos Sikhs se habían convertido y ahora servían al Imperio Mughal.

Al ver en la distancia, muy lejos del camino en el que se encontraba, vio campos y campos llenos de flores, se preguntó qué lugar sería ese. Sus ojos se encontraban muy débiles y dañados como para poder ver bien; pero pudo distinguir muchos campos extendiéndose en el horizonte. Se recargó en la jaula y se comenzó a preguntar qué habría pasado con sus hermanos Sikhs y qué sería de él; pronto comenzó a hacer una plegaria al Guru…

“¡Oh Guru! Maestro de la verdad, gran guerrero de los cielos. Sé que mi final está cerca. Por favor Guru ji, ¡POR FAVOR! Bendíceme con el coraje para sostener la justicia y el camino recto hasta el final. Que muera yo pero que nunca suelte tu mano. Eres mi poderoso guardián y ahora te pido, verdadero Guru, que por favor me bendigas con el valor y la fuerza para perseverar hasta el final y morir una muerte noble, pero que nunca me rinda y que defienda a mi amado Sikh Dharma y el cabello en mi cabeza hasta el último momento. Por último, te pido que me bendigas con el darshan (la visión) de los Sikhs del Guru una vez más, mis ojos están sedientos por la visión de mis amados guerreros Khalsa, mi familia, la Khalsa (almas puras)”

Y luego se dejó caer, casi sin vida en su jaula. Con el nombre de Dios en su mente, el cual repetía una y otra vez… Waheguru, Waheguru, Waheguru… Minutos después se perdió en la meditación.

De repente, el carruaje se sacudió y Sukh Nidhaan Singh ji se despertó de su profunda meditación. Miró hacia los campos y observó las Flores. No podía creer lo que sus ojos veían… se sentó derecho y miró asombrado. No podía contener la emoción y las lagrimas llenaron sus ojos… cada poro de su cuerpo estaba atento a lo que estaba presenciando… cada uno de ellos temblaba… incluso su alma…

LAS FLORES… lo que había visto no eran flores… sino que eran campos y campos llenos de lanzas enterradas en el piso, y en cada lanza estaba la Cabeza de un Guerrero Khalsa. Algunos escalpados, algunos golpeados, algunos sin ojos, algunos quemados, algunos hervidos… pudo reconocer a algunos. Una vez más pudo tener la visión de los Khalsa; y la visión era muy hermosa, eran campos llenos de cabezas de Sikhs del Guru sobre lanzas, eran tantas que no alcanzaba a ver todas en la distancia… y no pudo contener las lágrimas.

Los Mughales creyeron que ese lugar rompería a Sukh Nidhaan Singh, pero éste se sentó muy derecho en la jaula, con una mirada firme, llena de fuerza y de nobleza en su rostro… pensó que debía mostrar una cara de bravura a sus hermanos Sikh… la emoción era poderosa y sintió que su espíritu se elevaba al cielo… su fuerza había vuelto.

Estaba muy orgulloso de esos grandes guerreros, sus hermanos, los KHALSA. Habían muerto pero no habían renunciado a su amor por el Sikh Dharma, ni a la verdad ni a la justicia. No habían flaqueado ante la tortura y habían mantenido su fe hasta el final. Esto le dio fuerza y coraje, y pensó. “Fui un tonto al dudar siquiera por un segundo que mis hermanos Khalsa se rendirían y perderían. Pelearon hasta el final y mantuvieron sus principios.” Sonrió y se limpió de la cara las lagrimas, lleno de alegría dejó salir de su garganta el grito de guerra de la Khalsa, para rendir homenaje a esos grandiosos mártires.

“SAAAT SIRIIIII AKAAAAAAAAAAAAL” (La verdad nunca muere)

Durante los siguientes días, a Sukh Nidhaan Singh le ofrecieron muchos regalos, placeres y riquezas, pero también fue torturado y golpeado terriblemente. Sin embargo, en cada momento recordó a las flores de los campos… le daban fuerzas.

Fue severamente torturado, y al tercer día, cuando los Mughales se dieron por vencidos, lo dejaron morir una muerte lenta, pues lo ataron a un árbol y lo dejaron bajo el sol incandescente mirando hacia los campos. Magullado, golpeado y apenas vivo, Sukh Nidhaan Singh levantó su cabeza y nuevamente pudo ver los campos. Sonrió y le dio la bienvenida a la muerte. El dolor era inmenso, pero sabía que valía la pena, pues en realidad había sido él quien había golpeado a los Mughales. Podrían matarlo, pero no podrían quitarle su fe.

Mientras pasaban las horas, Sukh Nidhaan Singh continuó meditando en el Nombre de Dios. Miró hacia los campos, hacia su Khalsa por última vez… y miró en la distancia una figura caminando a través de los campos. Notó que era un Guerrero Khalsa, vestido con ropajes azules y engalanado con espadas. Mientras la figura se acercaba lentamente, observó al guerrero acercarse a cada lanza y besar la frente de cada Shaheed (mártir). Conforme se iba acercando, Sukh Nidhaan Singh pudo distinguir que se trataba del mismísimo Guru Gobind Singh ji.

Entonces recordó que los Sikhs eran flores, y cuando alcanzaban su forma más bella, el Guru llegaría a recogerlas en forma de Shaheeds – mártires.

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