sábado, marzo 05, 2011

Prueba de Fe

Esta historia es del tiempo de Guru Gobind Singh Ji Maharaj.

Un devoto Sikh y su esposa tenían problemas para concebir. Su único deseo era llenar su matrimonio con la bendición de un hijo. El Sikh rezaba diariamente al Guru, “Oh mi Waheguru, bendíceme por favor con un hijo; pero si una bendición como esa no está en mi destino, bendíceme con la fuerza para sobreponerme de esta necesidad”.
Su esposa escuchaba esto diariamente y cada vez se hundía más y más en un sentimiento de tristeza e impotencia. Ella le confió a una amiga. “Estamos buscando un hijo, y todo lo que mi esposo parece hacer es poner su fe entera en Waheguru, pensado que con meras palabras, algo que ni siquiera sabemos si existe, podrá bendecirnos con un hijo”. Su amiga, al igual que ella, estaba sorprendida.

Ella le dijo a la esposa del Sikh, “Sé que un hombre santo está de visita en el pueblo. Dicen que si vas hacia él con alguna petición, te da un mantra para meditar durante el día, y dentro de un mes tu deseo será concedido.”

Esto emocionó mucho a la esposa del Sikh y se llenó de felicidad porque también había esperanza para ella. No podía esperar para llegar a casa y contarle a su marido sobre el asunto.

Más tarde esa noche, cuando su marido regresó del trabajo, le contó porqué estaba tan contenta y cómo todos sus sueños estaban a tan solo un mantra de cumplirse. El Sikh estaba mortificado. No podía creer que su esposa pensara en acudir a alguien más después de que diariamente él había pedido a su Guru tal bendición. “Está en manos del Guru el que tengamos un hijo, no de alguien más; si sientes que alguien más puede concedernos un hijo, entonces no creo que alguna vez puedas tener un hijo mío”. Le dijo. Esto dejó a su esposa sintiéndose realmente enojada y pensando que la fe ciega de su esposo dejaría su matriz sin hijo alguno.

Ella decidió que iría a ver al santo sin decirle a su esposo.
Al siguiente día, el Sikh se levantó más temprano que de costumbre y fue ante la presencia del Guru. Cayó a sus pies y le rogó que lo bendijera con un hijo. “Guru Ji, mi esposa y su fe se están desvaneciendo, necesitamos tu ayuda, por favor, bendícenos con un hijo, o llévate nuestro deseo. He escuchado que cuando alguien viene a tu puerta con un corazón verdadero, nunca se va con las manos vacías”. Rogó con sus ojos llenos de lágrimas…

Al mismo tiempo, su esposa, en secreto, visitaba al hombre santo que podía “realizar milagros” y le contó sobre su ‘sufrimiento’. El hombre sonrió y le dijo, “¡Bah! ¿Eso es todo? Tengo este mantra para tener bebés, debes recitarlo continuamente por un mes, y comprobarás por ti misma el resultado de mis poderes.”

Y así, nueve meses después, la pareja fue bendecida, no únicamente con un hijo sino con un par de gemelos. El Sikh, sorprendido, abrazó a su esposa mientras compartían su felicidad, “¿Lo ves?” le dijo “te dije que mi Guru Ji podía lograrlo, el dador de todo nos ha bendecido con estos bebés hoy” y comenzó a recitar en un susurro el Mul Mantra en los oídos de sus hijos.
Su esposa no podía creer que su marido Sikh aún seguía creyendo que esos bebés eran regalos del Guru. “Tú y tu Guru Ji” dijo, “si hubiésemos esperado nunca hubiésemos sido bendecidos con este par de angeles” El Sikh miró a su esposa sin creer lo que estaba escuchando. Ella continuó. “¡Fui con el hombre santo a escondidas de ti, fue él quien nos bendijo con esto, no ese Guru tuyo!”

El enojo invadió al Sikh, no podía pensar claramente, su esposa no solo lo había traicionado a él sino también a su Guru, a su oración, a su todo. La ira lo llenó y corrió con los dos niños, corrió y corrió con sus esposa detrás de él. Finalmente se detuvo en el río. Ahí se disculpó con el Guru y arrojó a los dos bebés a la corriente, la cual, no estaba muy profunda, pero lo suficiente como para arrancar la última respiración de los niños.

Su esposa no podía creer lo que acababa de suceder y comenzó a golpear al Sikh continuamente. “¿Cómo pudiste hacerlo?” gritaba mientras lloraba por la pérdida de sus hijos. Él le contestó “Si esos niños son con lo que nos bendijo tu hombre santo, entonces prefiero pasar el resto de mi vida sin hijos”

Esto continuó por un rato, y la esposa envuelta en rabia le decía a todos los que pasaban cómo su marido había asesinado a sus dos hijos cegado por una fe en su supuesto Guru.

En este momento, ambos fueron llevados a la corte del Guru; en donde les preguntaron cual era el problema. El Guru, sentado con las piernas cruzadas y con una manta en su regazo, escuchó atentamente a las historias de los dos.

“… y él cree que tú nos bendijiste con esos niños, pero tú y yo sabemos que ese hombre santo fue quien nos bendijo, pero ahora se han ido…” la esposa sollozaba mientras dejaba salir su dolor.

El Guru escuchó cómo ambos contaban sus historias, y luego les puso una prueba, miró hacia ellos y dijo, “Creo en ustedes dos, pero sólo uno tiene la razón, regresen con la persona que creen que les concedió esta bendición y pídanle que les regrese a sus hijos. La esposa del Guru se veía realmente sorprendida. Pero el Guru continuó. “Si esa persona, pudo bendecirlos con la vida de dos hijos, seguramente podrá hacer lo mismo de nuevo”.

La esposa comenzó a llorar, “No, no entiendes, él me dio un mantra para recitar, eso es lo que me dio la vida de mis hijos; todos saben que traer a esos niños de vuelta a la vida sería imposible, nadie puede realizar ese milagro” El Sikh, sin embargo, interrumpió “Guru Ji” dijo cayendo a sus pies, “Guru Ji, tú eres el dador de vida, pruébanos que fuiste tú quien dio vida a nuestros hijos” rogó al Guru para que realizara este milagro.

Su esposa dio un paso atrás antes de decir “Sí, Guru Ji, si es eso lo que pides de mi, entonces seguramente también puedes hacer lo mismo, todos sabemos que eso es imposible y que nunca pasará, pero si piensas que sí, y si piensas que fuiste tú quien dio vida a mis hijos, entonces te pido que traigas a mis hijos de vuelta a la vida”

Mientras la pareja rogaba frente al Guru, éste comenzó a levantar la manta que estaba en su regazo, y ahí había dos pequeños bebés. El Guru sollozó mientras acercaba al Sikh hacia él, “Hijo mio”, dijo, “tu fe y amor por mi han prevalecido” En su regazo descansaban dos pequeños bebés. “Cuando los arrojaste al río, yo los atrape en mi regazo, y han estado bajo mi cuidado desde entonces”.

El Sikh y su esposa cayeron a los pies de Siri Guru Gobind Singh Ji Maharaj y lloraron con él, se dieron cuenta que, quien sea que con un corazón verdadero pida algo al Guru, siempre será bendecido. Ningún otro humano, deidad o fuerza podría nunca otorgarles tal bendición como lo es la vida.

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Es fácil para nosotros acudir a alguien más que está ahí, en forma física, y creer que esa persona es quien nos bendice con todos los regalos que tenemos en la vida.

Él nunca se cansa de dar, dar y dar… nosotros nos cansamos de recibir, pero Él nunca de dar.

dhaedhaa dhae laidhae thhak paahi ||
El Gran Dador siempre da, mientras que aquellos que reciben se cansan de recibir.

jugaa juga(n)thar khaahee khaahi ||
A través de las épocas, los consumidores consumen.

Sólo hay un verdadero dador, el que nos dio la vida y el que puede quitárnosla…

Waheguru
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